Millares Vázquez, una vida fecunda

MANUEL Millares Vázquez, gallego, intelectual, novelista, hombre de bien, uno de los intelectuales que don Jaime Benítez acogió ( en sus años como Presidente de la Universidad de Puerto Rico) cuando el pesaroso episodio castrista en Cuba, que hizo llegar a Puerto Rico, hombres de primera línea, bajo el amparo del prócer puertorriqueño Don Luis Muñoz Marín y entre estos, contábase este amigo de la historia. Había sido columnista del diario El Mundo de La Habana, catedrático en la Universidad de habanera y entre sus discípulos figuraba el propio Fidel Castro, cuando estudiaba derecho. Millares Vázquez había llegado a América (por Santo Domingo) como millones de españoles, en sucre vasquez y don manuel millares vazquezbusca de sosiego, seguridad y calidad de vida. Luego, regresa a España para entrar como combatiente republicano, y alcanzo a ser condecorado por su persistencia y compromiso con los ideales republicanos. Ostentaba la condecoración de la Republica (Española) en armas, conferida por el Presidente Manuel Azaña. Resulta que Millares Vázquez había llegado a la capital dominicana desde España en busca de fortuna, a casa de un tío que era comerciante, precisamente en vísperas de que Santo Domingo fuera azotada por el ciclón San Zenón (el 3 de septiembre del 1930) , según me reseñaba Millares Vázquez en unas tardes deliciosas, salpicadas por café expreso en Puerta de Tierra, entre rato y rato de nuestras respectivas labores en el diario El Nuevo Día, de San Juan Puerto Rico. Mi ilustre amigo, y compañero de charlas vespertinas, había sido editor de la Revista de la Universidad de Puerto Rico, y ya en sus 70 años, retirado, fue reclutado por el Director del diario, Carlos M. Castañeda, para revisar originales de las traducciones que se publicaban en El Nuevo Día en los años 80, pero sé que era una forma respetuosa y generosa de que Millares Vázquez tuviera un oficio en que entretenerse, para combatir la soledad de soltero, en esa etapa de su vida. Debido a la insoportable situación de muerte, destrucción y precariedad en la capital dominicana (en 1930) por el paso del ciclón San Zenón, Millares Vázquez sale huyendo a casa de otro tío comerciante en Batey 2, del Ingenio Barahona. “Aquello, Sucre, era horrible, esos vientos soplaban de una manera que nunca imaginé, las vigas de aquel edificio colonial, donde se alojaba el tío, se movían como varitas y el ruido profundo, aterrador, de los vientos, erizaban la piel”, me contaba. Pero si aterradoras eran las escenas del ciclón San Zenón, a su paso por la capital dominicana, peores fueron las escenas de vida que Millares Vázquez encontró en Batey 2, en las demarcaciones territoriales de Neyba, mi pueblecito natal en la República Dominicana. La vida infrahumana de los haitianos y el primitivismo imperante en esas miserables comunidades ( de dominicanos y haitianos) son narradas magistralmente por Millares Vázquez en su novela “Vidas Fecundas” , autor también de “Chela y otros Cuentos”, que en los años 60,fueron incluidos en el Florilegio de Cuentos de la Editora Seix Barral, de Barcelona. El escritor me profesaba especial cariño y me dijo, en cierta ocasión, “en tus cuentos hay mucha poesía y gran imaginación …” . En vez de escribir ( y leer) más en mis años mozos, dedicaba mis fuerzas al placer de vivir intensamente, tras un trabajo agotador en el diario, a veces de 10 y 12 horas, siguiendo el ritmo de mi mentor (y maestro) Carlos M. Castañeda, que casi siempre coronaba la ardua noche de trabajo con un cena con vino (y un oloroso habano) a las tantas de la madrugada, luego de lo cual el eminente periodista y su discípulo paseaban en su poderoso ( y flamante) automóvil Volvo , dando una vuelta por el histórico Viejo San Juan, y sus callejas empedradas, llenas de jóvenes que celebraban las noches del fin de semana, en una sobremesa en la que aprendí muchos resquicios del arte de vivir, con este ilustre hombre de la vida cubana de los años 60. Millares Vázquez, por su parte, por las tardes reflexionaba conmigo. ”En una entrevista que le hice a Albert Einstein, para El Mundo de La Habana, el eminente físico me dijo que su mayor placer era escuchar la música del violín y expreso que el hombre debiera tener cautela en el futuro con la exploración espacial y no trastocar el equilibrio del espacio, que está suspendido sobre unas leyes matemáticas, que si fueran violentadas, podían causar una hecatombe de consecuencias devastadoras para la humanidad” . Razón tiene Einstein y Don Quijote cuando advierte ( ante situaciones que deben estar vedadas ) “Peor es meneallo Sancho”. De Fidel Castro, Millares Vazquez recuerda que, siendo su alumno en la Universidad de La Habana, andaba con una pistola calibre 45, debajo de la camisa. “Una vez se me quedó mirando, amenazante, agarrándose la pistola, en la famosa escalinata de ese alto centro docente y, desafiante, mantuve la mirada. Era y es un gánster”, me dijo una tarde 1980 cuando tomábamos un expreso en La Imperial, una panadería española, célebre por el buen pan y café en Puerta de Tierra, San Juan, Puerto Rico, de Vicente, un inmigrante de Castilla, España.

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